Mi Verdad Oculta. Crítica final

 

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Autor: Staff

Venganza con sabor a rancho

Mi Verdad Oculta fue la apuesta del productor Carlos Moreno Laguillo para el horario de las 6:30 de la tarde en Las Estrellas, en sustitución de Regalo de Amor. La telenovela es una adaptación de Amanda (2016), telenovela chilena creada por Luis Ponce (Juegos de Amor y Poder), con libretos desarrollados por Martha Carrillo y Cristina García.

La telenovela fue protagonizada por Susana González en su primera colaboración con Moreno Laguillo, y David Chocarro en su primer protagónico en Televisa. Los antagonistas fueron Chris Pazcal, Ferdinando Valencia, Rosa María Bianchi y Geraldine Bazán.

La historia gira en torno a Aitana / Adriana (Susana González), una enfermera que regresa bajo una identidad falsa a la hacienda de la familia Lizárraga con un único objetivo: hacer pagar a los hombres que la violaron en su juventud. Los cuatro hijos de la matriarca Eloísa (Rosa María Bianchi) son Luciano (David Chocarro), el mayor y viudo; Iñigo (Ferdinando Valencia), machista y mujeriego; Mateo (Chris Pazcal), el hermano más siniestro y de relación casi edípica con su madre; y Bruno (Michel Duval), el testigo callado que se refugia en el alcohol. Complican el panorama Larisa (Geraldine Bazán), prometida de Luciano y amante de Iñigo, y Zacarías (Andrés Palacios), el primer amor de Aitana que la reconoce desde el primer capítulo.

(Spoilers) En el capítulo final, Eloísa le revela a Mateo que Belinda (Ana Paula Martínez) es su hija. Mateo busca a Belinda pero tiene un altercado con Aitana y Zacarías hiriendo mortalmente a este. Mateo es herido al escapar y termina quitándose la vida. Eloísa intenta alcanzarlo y muere también. Íñigo es encarcelado y sufre abuso de los presos. Larisa pierde todo su dinero con un estafador y termina prostituyéndose en el extranjero. Bruno envía una carta a Aitana pidiéndole perdón. La historia termina con el matrimonio de Luciano y Aitana.

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Sobre el capítulo final

El último capítulo resultó bien balanceado pero igualmente pudo haber sido un final de viernes. Las escenas de acción resultaron cumplidoras pero abusaron de los clichés de siempre: Mateo andaba como perro por su casa y los policías no se dieron cuenta; Íñigo fue violado en la cárcel; Larisa cayó en la trampa de un defraudador y terminó vendiendo su cuerpo.

Lucero apareció en un cameo interpretándose a sí misma para cantar -rodeada de músicos de cámara- durante la propuesta de matrimonio de Luciano a Aitana.

Dos caras del mismo libreto

Aplausos para Susana González en uno de los mejores papeles de su carrera. Es una actriz que conoce el melodrama y sabe habitarlo con naturalidad pero aquí bajo la dirección de Luis Eduardo Reyes, elevó exponencialmente la complejidad de su personaje. Su Aitana fue creíble en los momentos de dureza y también en los de vulnerabilidad. Sin embargo, los libretos no siempre le dieron el material que su talento merecía. Después de la mitad de la telenovela, Aitana sufrió por que sí. En sus manos estaba desenmarañar todo para ser feliz con Luciano, sin embargo optó por el sufrimiento irracional.

David Chocarro llegó a Mi Verdad Oculta con la etiqueta de gran debut en Televisa —después de años de trabajo en Telemundo y producciones internacionales— y eso, inevitablemente, levantó expectativas que el personaje de Luciano Lizárraga no siempre estuvo a la altura de satisfacer. No por culpa del actor, sino por cómo los libretos construyeron al personaje. Luciano es, sobre el papel, el galán ideal: honesto, noble, viudo con hija adolescente, administrador responsable del rancho familiar. El problema es que toda esa bondad le quitó aristas. En una historia donde los demás personajes cargaban secretos, traiciones y complejidades psicológicas, Luciano fue el único que no sabía nada de nada durante la mayor parte de la telenovela, y eso lo convirtió en el punto más débil de la trama. Chocarro hizo lo que pudo y lo hizo bien: tiene presencia, tiene físico y tiene la serenidad del actor experimentado que sabe no sobreactuar. Donde sí brilló fue en los capítulos finales, cuando Luciano por fin se enteró de todo y tuvo que procesar que los crímenes de su familia fueron encubiertos por su propia madre. Esa indignación contenida, esa lealtad que se quiebra en silencio, fue el mejor Chocarro de toda la temporada. Lástima que el guion tardara tanto en ponerlo en ese lugar.

De los secundarios, todos desempeñaron un excelente trabajo y solo resaltaremos el debut en México de Michelle Marie Colón quien dio vida a la terca y enamoradiza Ximena quien lamentablemente tuvo un final trágico.

Lo más frustrante

Una de las grandes frustraciones de Mi Verdad Oculta fue el romance entre Aitana y Luciano. La espectacular química entre ambos actores era innegable y cada escena que compartían tenía la electricidad que uno espera del gran amor de una telenovela. El problema es que los libretos los mantuvieron separados durante la mayor parte de los 80 capítulos: él comprometido con Larisa, ella fingiendo para Zacarías, ambos orbitándose sin poder acercarse. Cuando por fin se dieron la oportunidad de estar juntos, la telenovela ya estaba en su recta final y el tiempo simplemente no alcanzó para desarrollar la relación con la profundidad que merecía. El resultado fue un romance que se sintió apresurado, como si las escritoras hubieran pasado 60 capítulos construyendo obstáculos y luego se hubieran dado cuenta de que se les acabó el tiempo para el reencuentro. Con la química que tienen González y Chocarro, esta historia de amor pudo haber sido memorable. Quedó, en cambio, como una promesa que nunca se cumplió del todo.

Villanos de largo aliento

Uno de los activos más valiosos de Mi Verdad Oculta fue, sin duda, Rosa María Bianchi como Eloísa. Aunque a veces se le olvidaba que el personaje estaba medio tullido, la veterana actriz construyó con gran precisión a una matriarca que encarna la peor versión del "amor de madre": esa que encubre crímenes, manipula consciencias y se convierte en cómplice para proteger su apellido y su fortuna. Eloísa no fue un personaje de cartón; fue compleja, contradictoria y magnéticamente repulsiva. Es el tipo de villana que se recuerda.

Mención especial merece Chris Pazcal como Mateo Lizárraga, el hermano más perturbador del cuarteto. Pazcal construyó a un personaje de capas: no era el villano que gritaba ni el que amenazaba abiertamente, sino el tipo que callaba y planeaba su siguiente maniobra. Su Mateo cargaba una violencia contenida que resultaba más inquietante que cualquier arrebato, y su dependencia enfermiza hacia Eloísa le daba una dimensión psicológica que Pazcal supo explotar al máximo. En una telenovela donde los malos tenían que competir por pantalla, Pazcal logró que Mateo fuera el hermano que más incomodaba, y eso no es poca cosa.

Lo bueno

  • Excelente actuación de Susana González
  • Gran presencia de David Chocarro
  • Gran química entre los protagonistas
  • Sólido elenco de soporte
  • Rosa María Bianchi como Eloísa
  • Chris Pazcal como el más siniestro de los villanos Lizárraga
  • Música incidental

Lo malo

  • El romance Aitana-Luciano duró muy poco
  • Los libretos inconsistentes que debilitaron el plan de venganza
  • Protagonista incoherente
  • Canciones que ni venían al caso (como el tema de Zacatillo)
  • Edición atropellada con escenas “picadas”

Calificación final: 8.5

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