Mi Rival. Crítica de la semana de estreno

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Autor: Staff 

Cinco capítulos que confirman lo peor

La señal de Las Estrellas continúa en un bache estelar con la transmisión de Mi Rival, la nueva telenovela de la productora Carmen Armendáriz. Mi Rival es un refrito de una vieja historia de Inés Rodena y los libretos de la adaptación son de: Perla Farías, Verónica Suárez, Basilio Álvarez y Felipe Silva.

Los protagonistas de la historia son Alejandra Barros, Sebastián Rulli y Ela Velden. Los principales encargados de las maldades son Arturo Peniche, Cinthia Aparicio y Martha Julia.

En la primera semana vimos que el ingeniero agrónomo Renato (Sebastián Rulli) conoce a Paloma (Alejandra Barros) y surge una atracción entre ellos sin que él sepa que ella es casada. Renato trabaja para el ambicioso Gustavo (Arturo Peniche) quien lo manda a administrar el cañaveral de su “amigo” Porfirio (Marco Treviño). Renato llega a la propiedad de Porfirio y se entera de que es el esposo de Paloma. Entre Renato y Paloma surge una complicidad silenciosa. Bárbara (Ela Velden), la hija de Paloma y Porfirio, llega a la hacienda para aprender de Renato pero al principio no se llevan bien. Por otra parte, Gustavo sabotea el cañaveral para quedarse con él, sin que Renato sepa sus malvadas intenciones.

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Un melodrama sin drama

Después de un arranque disperso y con graves problemas de identidad, los siguientes capítulos de la semana de estreno de Mi Rival confirmaron nuestros peores temores: esta telenovela no solo carece de dirección clara, sino que repite errores hasta el cansancio y desperdicia el potencial de su premisa incómoda.

El mayor problema de Mi Rival es que no tiene corazón. A pesar de que la premisa incluye un triángulo amoroso incómodo —madre e hija enamoradas del mismo hombre— la telenovela se siente fría y distante. No logra conectar emocionalmente. Es como si estuviéramos viendo una lectura de libreto en lugar de una historia viva. Carmen Armendáriz insiste en un melodrama anacrónico, moralizante y de ritmo lento que no termina de conectar con la audiencia contemporánea.

La somnífera música incidental de Mi Rival es uno de sus mayores lastres. En lugar de potenciar las escenas dramáticas, las vuelven tediosas y predecibles. Para un horario estelar esto es inaceptable.

Los encuentros entre Paloma y Renato —que deberían estar cargados de electricidad y culpa— se sienten artificiales por una dirección que no sabe cómo manejar la tensión. Las escenas de confrontación son predecibles, los actores están ahí parados esperando su turno para hablar en lugar de interactuar orgánicamente. Cuando Paloma descubre que Renato trabajará en su hacienda, la escena debió ser impactante -tanto en edición y musicalización- pero termina siendo un intercambio plano de miradas sin sustancia. Después, el primer enfrentamiento entre Bárbara y Renato, careció de la chispa que exige el inicio de una atracción conflictiva.

Visualmente Mi Rival es un desperdicio de locaciones potosinas. A pesar de que se grabó 100% en San Luis Potosí, las tomas son convencionales hasta el aburrimiento, la corrección de color hace que todo se vea deslavado y la edición carece de personalidad. Para ser una historia que transcurre en haciendas cañeras bajo el sol, toooodo luce opaco y sin vida. Las transiciones entre escenas son abruptas rompiendo cualquier intento de tensión dramática.

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Su rival es ella misma

Ocasionalmente aparecen diálogos que tienen potencial pero lamentablemente son excepciones en medio de una narrativa que se ahoga en sus propios vicios.

La inverosimilitud alcanza niveles absurdos cuando descubrimos que Gustavo Rodríguez y Porfirio Cruz, ambos importantes propietarios azucareros de San Luis Potosí, siendo socios y amigos nunca tuvieron relación social alguna. Sus familias viven en la misma región, están en la misma industria, pero mágicamente no se conocían. Cuando Renato llega a la hacienda Cruz, Paloma actúa como si nunca hubiera oído hablar de la familia Rodríguez. ¿En serio? En un pueblo donde la industria azucarera es el eje económico, ¿las dos familias más poderosas no se conocen? Es el típico recurso telenovelero de "conveniencia narrativa" que insulta la inteligencia del espectador.

Renato no solo es noble y guapo, también sabe de administración, de cultivo de caña, de negocios, de honor, de lealtad y de toooodo lo que se necesite según la escena. En un capítulo da consejos empresariales a Gustavo. En otro diagnostica los problemas de la hacienda Cruz en dos minutos. En otro le dice “frases mamadoras” a Bárbara. Sebastián Rulli hace lo que puede, pero el personaje es tan perfecto que resulta insoportable. Falta humanidad, falta que cometa errores, falta que sea tridimensional.

Mi Rival se toma demasiado en serio su papel de "educar" al público sobre la industria azucarera. Igual vemos una escena entera donde Renato explica procesos de administración de haciendas a Bárbara como si estuviéramos en un curso de agronomía para después tener otra clase magistral sobre cultivo de caña. Entendemos que quieren darle contexto a la historia, pero las telenovelas son entretenimiento, no Discovery Channel.

Aunque en la primera semana el patrón repetitivo de situaciones es principalmente con Paloma y Renato (se encuentran, se miran con deseo contenido, casi se besan, ella huye culpable), para el capítulo 5 ya comienza a perfilarse otro problema: Bárbara está destinada a ser el personaje en constante conflicto. Casi muere en un barranco, después casi muere en una trampa del cañaveral y en el final de viernes casi muere aplastada por un derrumbe provocado. Si esto es la semana de estreno, el nombre de la historia debería ser “Las 9 vidas de Bárbara”.

Otro punto repetitivo es la cantina del pueblo. El lugar donde los personajes masculinos morbosean a las mujeres es una calca exacta de la cantina de El Precio de Amarte. Misma estética pueblerina, misma función narrativa como espacio de confesiones masculinas. Carmen Armendáriz parece tener una fijación con estos espacios y los reproduce sin ninguna variación de una producción a otra. Es reciclaje puro.

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Elenco disparejo

Alejandra Barros salva las escenas con su profesionalismo y Sebastián Rulli también se nota comprometido, aunque el material que le dan es insuficiente. Marco Treviño como el moribundo Porfirio le da dignidad a un personaje que fácilmente podría ser solo un obstáculo narrativo. Ela Velden todavía está encontrando el tono de Bárbara, pero se nota el esfuerzo. En los secundarios, el villano resentido de Jorge Caballero cumple.

De Arturo Peniche ya nos sabemos su villano de memoria. Es el mismo déspota megalómano que ha interpretado en otras producciones. Martha Julia repite a la villana ambiciosa de siempre. Edward Castillo y Ana Bertha Espín también están en piloto automático. No hay riesgo, no hay búsqueda, no hay nada nuevo. Es cómodo para ellos pero aburrido para el espectador.

Diana Haro como la amiga joven de Paloma, Cinthia Aparicio como Dalila (la dueña de la cantina y ex amante de Renato) y Mildred Feuchter como la prima de Paloma están completamente rebasadas por sus papeles. Les falta técnica, les falta presencia y les falta experiencia para estar en un horario estelar. Las escenas entre Cinthia Aparicio y Sebastián Rulli son dolorosamente desiguales: él las sostiene mientras ella recita diálogos sin ninguna convicción. Sus actuaciones suenan impostadas y rompen la credibilidad.

Después del fracaso de El Precio de Amarte (2024), Carmen Armendáriz tenía la oportunidad de renovarse, pero Mi Rival demuestra que sigue atrapada en una visión anacrónica del melodrama. Sus producciones tienen un tono moralizante, un ritmo lento y una estética que parece detenida en el tiempo. Mientras otros productores experimentan con narrativas ágiles y producciones modernas, Armendáriz insiste en un formato que no conecta con la audiencia contemporánea. Su concepto de telenovela es muy personal, sí, pero también está completamente desfasado de lo que Televisa necesita para trascender con su acervo telenovelero.

Lo bueno

  • Química entre Barros y Rulli
  • Locaciones en San Luis Potosí

Lo malo

  • Producción mediocre
  • Música inadecuada
  • Dirección de escena plana
  • Libretos con situaciones inverosímiles
  • Ritmo desigual
  • Edición descuidada
  • Casting deficiente en papeles secundarios
  • Protagonista  demasiado perfecto
  • Lecciones de agronomía innecesarias
  • Reciclaje de fórmulas de El Precio de Amarte
  • Visión anacrónica de Carmen Armendáriz

Calificación inicial: 4

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