Autor: Staff
Una historia olvidada
El Renacer de Luna es la nueva producción de Roy
Rojas para el horario de las 6:30 de la tarde de Las Estrellas. Está
basada en la telenovela Morir para Vivir, estrenada en 1989 y
creada por Félix B. Caignet. La versión y libretos corren a cargo de Jaime
Sierra y Helena Aguilera en coadaptación con Carlos Ruiz, Paulina
González y José Adrián Mazoy.
Los créditos estelares recaen en Marisol del Olmo y Matías
Novoa, con Mar Sordo y Eduardo Zucchi encabezando la línea
juvenil. La antagonista principal es Marlene Favela.
En el capítulo 1 vimos que Luna Arteaga (Mar Sordo)
es una joven que estudia música en Los Ángeles y sueña con convertirse en
cantante. Su padre Andrés (Alejandro de la Madrid) es dueño de una
hacienda mezcalera en México pero está siendo envenenado por Dalila Mondragón (Marlene
Favela), la mujer que Luna cree que es su madre. Dalila además es amante de
Federico (Mauricio Henao), un trabajador de la hacienda. Su ambición es
tan grande que también pretende deshacerse de Luna. Luna es amiga virtual de
Saúl (Eduardo Zucchi), un joven que desea triunfar en el mundo de la
música a pesar de la negativa de su padre Armando (Omar Fierro). Por
otra parte, Maya Mistral (Marisol del Olmo) sobrevive un
matrimonio violento con Pancho Cadena (Flavio Medina), un hombre irascible
que la chantajea con un secreto de su pasado.
Demasiadas presentaciones
Hay que reconocerle algo a Roy Rojas: cuando le tocó
hacer un refrito, tuvo el buen instinto de escoger uno que el público no tiene
memorizado de cabo a rabo. Morir para Vivir no es una de las múltiples
historias de Inés Rodena o Caridad Bravo Adams; no hay
generaciones enteras con su trama tatuada en el cerebro. Eso da margen de
maniobra para sorprender, y es una ventaja que otras producciones recientes no
han podido aprovechar por empeñarse en revisitar clásicos intocables.
El problema del primer capítulo no es la historia en sí —que
tiene un eje central claro y funcional en la maquinación de Dalila— sino la
dispersión con la que se presenta. El capítulo intenta abrir simultáneamente
demasiadas puertas: la hacienda mezcalera, la academia de música, la casa
familiar de Maya, los secretos del pasado de Dalila, la vida de Luna en Los
Ángeles, etc. etc. El resultado es un primer episodio que se siente como un remolino
más que como un arranque narrativo. Cuando termina la hora, la historia no ha
ocurrido todavía: apenas se han presentado los universos.
El problema de los veinte y tantos
El elenco de El Renacer de Luna es, en términos
numéricos, uno de los más poblados que ha lanzado Las Estrellas en los
últimos años. El capítulo 1 presentó más de veinte personajes recurrentes, lo
cual convierte al episodio inaugural en un ejercicio de memoria más que en una
experiencia dramática.
La mezcla generacional del reparto es inusual y tiene sus
propias consecuencias. Por un lado, Marisol del Olmo —que lleva décadas
dando lecciones de presencia en producciones como La Madrastra y Enamorándome
de Ramón— construye a Maya con solidez pero sin un trasfondo claro. Claudia
Ramírez, Flavio Medina, Omar Fierro, Jorge Luis Pila, Fabián
Robles y Alejandro de la Madrid completan una primera fila que no
necesita dirección de escena para mantenerse en pie. El problema es que el primer
capítulo no alcanza para que ninguno de sus personajes deje marca.
Marlene Favela, que construyó parte de su carrera con
potentes villanas llega aquí interpretando a Dalila con convicción y sin
sobreactuación. Es el tipo de antagonista que la actriz ha perfeccionado con
los años, y se nota.
El lado joven del reparto —Mar Sordo, Eduardo
Zucchi, Graco Sendel, Sebastián Poza, Ale Müller, David
Ulloa, Ana Sofía Gatica, Ale Bellón y Juan Pablo Velasco—
es otro asunto. Es mucho el tiempo que se les dedica pero son tantos (algunos
de descarado relleno) que ninguno deja huella. En una producción donde la
veteranía del reparto senior marca el ritmo, los nuevos lanzamientos tendrán
que escalar una pendiente pronunciada para no quedar aplastados.
Una producción que no se arriesga
La producción de Roy Rojas cumple sin entusiasmar.
Las locaciones de la hacienda mezcalera son el punto más alto visualmente: el
entorno de El Despertar tiene textura y color, y la industria del mezcal ofrece
un telón de fondo con identidad propia. Fuera de eso, la factura técnica es
estándar. No hay un sello visual que distinga a esta producción de lo que Las
Estrellas ha puesto al aire en los últimos ciclos.
El tema central, interpretado por Yuri —que regresa
así a las telenovelas después de varios años de ausencia en los créditos
principales—, tiene el peso nostálgico de quien conoce el oficio.
La dirección de escena del capítulo 1 se resiente en los
momentos grupales, precisamente donde más lo necesita: con veinte y tantos
personajes que presentar, cada escena de conjunto se convierte en un trámite.
Ningún momento del primer episodio cierra con la fuerza suficiente para
garantizar el regreso al día siguiente.
Hay materia prima. La historia de Dalila como villana que
construye su poder sobre una familia a la que destruye desde adentro es sólida
en papel. Si los guionistas concentran el enfoque y la dirección le da forma a
lo que los veteranos del reparto están ofreciendo, El Renacer de Luna
tiene herramientas para mejorar. Pero el primer capítulo, por ahora, es una
promesa sin cumplir.
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