El Renacer de Luna. Crítica de la semana de estreno

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 Autor: Staff

Dos haciendas, una academia y una cocinera enamorada

El Renacer de Luna es la nueva producción de las 6:30 de la tarde de Roy Rojas para Las Estrellas, basada en la telenovela Morir para Vivir de 1989. El grupo de escritores está formado por Jaime Sierra (El Ángel de Aurora), Helena Aguilera (El Ángel de Aurora), Carlos Ruiz (El Ángel de Aurora), Paulina González (Como Dice el Dicho) y José Adrián Mazoy (Corazón de Oro).

Los protagonistas adultos son Marisol del Olmo y Matías Novoa, los protagonistas juveniles son Mar Sordo y Eduardo Zucchi. La villana principal es Marlene Favela.

En la primera semana vimos cómo Luna Arteaga (Mar Sordo) regresa de Los Ángeles para encontrar a su padre Andrés (Alejandro de la Madrid) gravemente enfermo y su hacienda mezcalera El Despertar al borde del colapso, sin saber todavía que detrás de todo está la mano de Dalila Mondragón (Marlene Favela), —quien finge ser su madre— y lo está envenenando lentamente para quedarse con la propiedad. Luna es novia de Rodrigo (Graco Sendel) quien, presionado por su padre, la urge a que se casen para que unan sus propiedades. Luna también es amiga virtual de Saúl (Eduardo Zucchi) quien estudia en una academia musical junto con otros chicos que viven en una pensión. Entre Luna y Saúl existe algo que ni ellos entienden. Por otra parte, Maya Mistral (Marisol del Olmo) es madre de Ismael (Sebastián Poza), uno de los chicos de la academia de música. Maya quiere divorciarse de su marido Pancho (Flavio Medina) pero no se anima, hasta que conoce al doctor Sebastián (Matías Novoa), quien le llama la atención.

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Una novela con doble personalidad

La herencia más interesante —y también más problemática— que El Renacer de Luna trae de su telenovela de origen es su doble personalidad. Lo que estamos viendo es, en la práctica, dos telenovelas que comparten horario: la historia adulta de Maya, Sebastián y la violencia doméstica con el fondo de la hacienda mezcalera, y la historia juvenil de Saúl en la Academia con sus amigos músicos. Ambas tramas tienen lógica interna propia, ritmos distintos y públicos naturales diferentes. En papel puede sonar ambicioso. En pantalla, la semana de estreno reveló el riesgo real: ninguna de las dos respiró con suficiente espacio porque hasta tuvimos la percepción de que la historia juvenil ocupó más tiempo que la de los adultos.

El universo de los adultos carga además con un pasado colectivo extraordinariamente enredado. Las relaciones entre Dalila, Pancho, Andrés, Maya y Doña Meche (Claudia Ramírez) vienen atadas a décadas de rencores, alianzas rotas, secretos de familia y negocios turbios que los libretos intentan dosificar pero que, en este primer tramo, suman confusión más que intriga. No es que la historia no tenga sustancia; es que los escritores no han encontrado todavía el modo de revelarla sin que el espectador tenga que tomar notas.

Y por si las subtramas centrales fueran insuficientes, la semana añadió una historia romántica entre Panchita (Gabriela Zamora), la cocinera de la pensión, y un barrendero llamado Calendario (Lalo Palacios). No es error, el personaje se llama Calendario. La telenovela mexicana sigue siendo el único género narrativo capaz de nombrar así a un personaje cómico y hacerlo sin pestañear. Si este romance sirve de alivio cómico genuino, bienvenido sea. Si se convierte en subtrama recurrente en una producción que ya tiene más tramas que capítulos disponibles, será motivo de preocupación.

Lo que más urge atender es el riesgo de los clichés de manual. El primer encuentro entre Maya y Sebastián llegó vía tropezón —ese viejo recurso que el melodrama mexicano lleva décadas jubilando sin conseguirlo—, y la escena no tuvo ni la gracia suficiente para hacerse perdonar. Si los libretos van a recurrir al catálogo básico cada vez que necesiten conectar a dos personajes, la promesa que tiene el material original se irá diluyendo capítulo a capítulo.

El club de los cómodos

Lo que El Renacer de Luna tiene con certeza es talento adulto. El problema es que dicho talento lleva cinco capítulos operando exactamente dentro de los límites que ya conoce.

Marisol del Olmo construye a Maya con la autoridad de quien lleva décadas habitando este tipo de mujer: vulnerable hacia adentro, contenida hacia afuera, con la dignidad justa para no derrumbarse del todo. Lo hace bien porque lo ha hecho muchas veces. Claudia Ramírez es Doña Meche con esa presencia que no necesita texto abundante para establecerse. Flavio Medina entrega al violento Pancho recordándonos a su Daniel Santibañez de Yo No Creo en los Hombres, pero ahora con la calculada normalidad del agresor doméstico que sabe cuándo encender y cuándo apagar el personaje. René Casados es Don Leo con la calidez de siempre. Omar Fierro, Jorge Luis Pila y Mauricio Henao cumplen con solvencia. Fabián Robles tiene presencia. Ninguno está haciendo nada malo. Ninguno está haciendo nada que sorprenda.

Matías Novoa como Sebastián es quizás el caso más sintomático: el actor tiene recursos para un personaje más complejo de lo que los primeros capítulos le han pedido, pero la telenovela lo usa todavía como apoyo narrativo del drama de Maya más que como un protagonista con peso propio.

En el lado juvenil, Eduardo Zucchi como Saúl, Graco Sendel como Rodrigo, Sebastián Poza, Ale Müller, David Ulloa, Ana Sofía Gatica, Ale Bellón y Juan Pablo Velasco están cumpliendo con lo que se les pide. El conjunto juvenil funciona con la energía que corresponde al entorno de la academia y, en este primer tramo, al menos no desentona con el nivel de la producción.

Imagen de catálogo

La producción de Roy Rojas muestra en estos cinco capítulos dos de sus mejores cartas: la escenografía y la fotografía. Las locaciones de El Despertar tienen consistencia visual, la fotografía de la hacienda mezcalera aprovecha texturas y luz con más cuidado del que se suele ver en el horario vespertino, y los espacios de la pensión de los jóvenes tienen carácter propio. Hay una voluntad de hacer algo que se vea bien, y se nota.

Un punto a favor indudable es la presencia de Luis Vélez en la dirección de escena. Su experiencia acumulada en el género le permite organizar el caos de un reparto numeroso con una eficiencia que un director menos curtido no habría logrado en esta semana de estreno. Sin Vélez, los primeros cinco capítulos habrían sido bastante más accidentados.

Donde la producción falla con más visibilidad es en el diseño de imagen. Marlene Favela como Dalila Mondragón llega caracterizada con una imagen que remite directamente a su personaje en Me Atrevo a Amarte: el look oscuro, el cabello, los trajes de poder. No hay reinvención. Es el mismo manual aplicado a otro nombre. Peor aún es la situación de Mar Sordo como Luna: la protagonista juvenil tiene el diseño de vestuario y estilismo más discreto entre todas las chicas que comparten pantalla en la pensión, cuando debería ser precisamente al revés. En una telenovela donde la protagonista tiene que brillar, que el ojo del espectador busque a cualquier otra actriz del ensemble antes que a ella es un problema de producción que hay que resolver pronto.

Lo bueno

  • ·         La escenografía de la hacienda mezcalera y la pensión.
  • ·         La fotografía, por encima del promedio del horario.
  • ·         La dirección de escena de Luis Vélez como estabilizador del reparto numeroso.
  • ·         El conjunto juvenil cumple con solvencia.
  • ·         Marlene Favela sabe exactamente lo que está haciendo, aunque lo haya hecho antes.

Lo malo

  • ·         Dos tramas con lógicas y públicos tan distintos que funcionan como telenovelas independientes compartiendo horario.
  • ·         El pasado colectivo de los personajes adultos, demasiado enredado para digerirse en cinco capítulos.
  • ·         El tropezón como punto de partida del romance adulto. En 2026.
  • ·         La caracterización de Dalila, calcada del archivo de Marlene Favela en Me Atrevo a Amarte.
  • ·         Luna con el peor diseño de imagen entre las chicas de la pensión, siendo la protagonista.
  • ·         Panchita y Calendario: una subtrama más en una telenovela que ya tiene demasiadas.

Calificación inicial: 6

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