Autor: Staff
De Hermanos Coraje a Tierra de Amor y Coraje: medio siglo después
Tierra de Amor y Coraje es la nueva telenovela de José
Alberto Castro para TelevisaUnivision, disponible ya en ViX y con estreno en Las Estrellas el 5 de octubre a las
9:30 de la noche. La adaptación la realizó el propio Castro con el apoyo
de Fernando Garcilita, y los libretos corren por cuenta de María
Chávez, Ricardo Avilés y Carlos Marín, tomando como base la
telenovela brasileña Irmãos Coragem (1970) de Janete Clair.
Vale la pena detenerse en el antecedente mexicano directo de
esta historia, porque no cualquier telenovela puede presumir haberle plantado
cara al gigante de su época. Hermanos Coraje se transmitió en 1972 por
el Canal 8 de Televisión Independiente de México (TIM), la
competencia que por esos años le disputaba el rating a Telesistema Mexicano,
la empresa que más tarde se convertiría en Televisa absorbiendo a TIM.
Se emitía de lunes a viernes a las 9:30 de la noche —el mismo horario,
curiosamente, en el que se instalará el remake— y golpeaba con fuerza a su
rival directo, XEW-TV a tal grado que Telesistema tuvo que mover
la telenovela Las Gemelas con Maricruz Olivier al horario de las
10 de la noche para competir con los Coraje. Los protagonistas eran Jaime
Fernández (Juan), Jorge Lavat (Jerónimo), Fernando Larrañaga
(Lalo) y Julissa (Clara). La superproducción, con caballos, balazos y un
pueblito construido en un backlot bajo la dirección de Luis de Llano Palmer,
se convirtió en un fenómeno que además sobrevivió a una tragedia real: la
muerte del villano Barros (Jorge Mistral) a mitad del rodaje obligó a
sustituirlo por Armando Calvo sin poder alterar los capítulos ya
filmados. Ese es el peso histórico que carga el título, y conviene tenerlo
presente para medir qué tanto honra o desperdicia la nueva versión ese origen.
En la primera semana vimos que la familia Coraje tiene problemas
con Rogelio Barrios (Sergio Goyri), dueño del rancho vecino, porque este
traspasa sus tierras con su ganado. Barrios manda a Falcón (Iván Arana)
a asesinar a los padres de los hermanos Coraje, y el resto de los capítulos se
dedica a las consecuencias de esa muerte. Clara Barrios (Sofía Castro)
regresa para tomar las riendas del rancho de su padre y busca tender puentes
con los Coraje por el respeto que sentía hacia los padres asesinados; en el
proceso, los hermanos descubren que el patriarca dejó deudas pendientes. Falcón
intenta sabotear a los Coraje soltando sus caballos, lo que profundiza la
desconfianza de Juan Coraje (Emmanuel Palomares) hacia Clara pese a sus
intenciones conciliadoras. Las cosas se complican cuando Rogelio descubre que
en las tierras de los Coraje hay una gran riqueza de minerales y se propone despojarlos.
Una historia que no se atreve a nada nuevo
El problema de fondo es que estos primeros capítulos no
ofrecen una sola idea que no hayamos visto ya en una docena de telenovelas
campiranas anteriores. El asesinato de los padres, la heredera que llega con
intenciones de paz, el villano que oculta su verdadero interés detrás de la
tierra: todo el arsenal narrativo es reciclado sin ningún intento de
actualizarlo.
Hay, además, una oportunidad completamente desaprovechada.
El personaje de Mar Contreras quien interpreta a la segunda esposa de
Rogelio Barrios, deja entrever, apenas de pasada y a modo de presentación, que
tiene raíces indígenas, pero la producción no hace absolutamente nada con ese
dato. En una historia ambientada en el suroeste de Estados Unidos, con todo el
potencial de conflicto que implica la relación entre comunidades originarias y
el acaparamiento de tierra por parte de rancheros y empresarios, la novela
prefiere no tocar el tema. Es una línea que se enuncia y se abandona en el
mismo aliento.
Los perfiles de los personajes tampoco ayudan. Juan (Emmanuel
Palomares) roza niveles de necedad que ya no resultan entrañables sino
agotadores: cada capítulo confirma que el hombre necesitaría, con urgencia, un
psiquiatra antes que una novia. Y el problema no es exclusivo de él:
prácticamente todo el elenco protagónico opera bajo la misma fórmula de tercos
y aferrados que se niegan a escuchar razones, lo que vuelve predecible cada
intercambio antes de que ocurra. A esto se suma que los cierres de capítulo
llegan sin ningún gancho real; ninguno de los finales de esta semana deja al
espectador con verdaderas ganas de que llegue el siguiente episodio.
Las villanas salvan la semana
Brandon Peniche y Emmanuel Palomares repiten
como hermanos en otra producción de José Alberto Castro, después de
haber compartido esa misma dinámica en Las Hijas de la Señora García. La
fórmula ya funcionó una vez y el productor decidió no arriesgarse.
Emilio Osorio por fin protagoniza una telenovela que
no es de su padre, pero la decisión de emparejarlo con Claudia Bouza
resulta extraña: ella se ve como su hermana mayor más que como un interés
romántico creíble. Tampoco ayuda que Osorio no logre construir ninguna
química con Sofía Castro, quien enfrenta un debut protagónico deslucido.
A ella no se le ve por ningún lado madera de protagonista, y hay momentos en
los que parece imitar el registro susurrante de su madre, Angélica Rivera,
más que construir una voz propia. El personaje de Clara tampoco le hace
favores: es una joven que se cree la muy fregona, que actúa como si se burlara
de todos a su alrededor y que, al mismo tiempo, navega bajo bandera de inocente
sin que la escritura resuelva esa contradicción.
Los personajes que sí funcionan hasta ahora son las
villanas. Mar Contreras ambiciona la fortuna de su marido (Sergio
Goyri) con una intensidad que le da textura al personaje, mientras que Arantza
Ruiz está obsesionada con Falcón, que a su vez
tiene puestos los ojos en Clara. Ese triángulo, por ahora, es lo más
interesante de la trama.
El resto del reparto no ha tenido oportunidad de destacar: Daniela
Martínez, Minnie West, Mar Bonnelly y Federico Ayos
siguen en la categoría de "Árbol 3", presentes en pantalla pero sin
ninguna función narrativa clara todavía.
Arizona que no se siente Arizona
Después de cinco capítulos, sigue sin quedar claro por qué
la producción decidió grabar en Arizona. No hemos visto un solo lugar lo
suficientemente llamativo como para justificar el gasto: nadie va a subirse a
un avión rumbo a Tucson por lo que se ha mostrado en pantalla hasta ahora. Y
para colmo, la incoherencia geográfica se agranda: están en territorio estadounidense
pero absolutamente nadie habla inglés, ni siquiera un poco de Spanglish. Todo
el mundo se comunica en un español mexicano cerradísimo, como si Arizona fuera
apenas un decorado sin ninguna conexión con el país en el que supuestamente
transcurre la acción.
La musicalización acompaña sin aportar: es genérica, sin
ningún momento que subraye el drama con personalidad propia. El vestuario, por
su parte, cae en todos los clichés de la telenovela campirana, empezando por la
insistencia en vestir a las mujeres con prendas de flecos de cuero en cualquier
ocasión.
Lo bueno
- La alianza malévola de los personajes de Mar Contreras y Arantza Ruiz
- La ambición extractivista de Rogelio Barrios sigue siendo el motor narrativo más sólido de la historia
Lo malo
- Una trama sin ninguna idea nueva que la distinga de otras campiranas
- El desperdicio total del trasfondo indígena insinuado en Mar Contreras
- Debut flojo de Sofía Castro, sin química con ninguno de sus interlocutores
- Locaciones de Arizona que no aportan identidad visual ni verosimilitud lingüística
- Finales de capítulo sin gancho
Calificación inicial: 3
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